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En Nuestra Tierra, Lucrecia Martel documenta mucho más que el juicio por un asesinato

Nuestra Tierraes la primera incursión en el género documental de Lucrecia Martel, pero si se recuerda Zama, su último largometraje de ficción, hay temas de fondos que se tocan, y hasta se continúan. Como el racismo.

El documental se centra en el asesinato de Javier Chocobar en Tucumán. Chocobar era cacique de los Chuschagasta, comunidad indígena, diaguita, de aquella provincia del norte argentino. Fue, vaya ironía del destino, una fecha emblemática, el 12 de octubre de 2009, y el juicio tardó casi una década en llevarse a cabo.

Entre los acusados estaba Darío Luis Amin, que quería llevar adelante una explotación minera allí donde los comuneros vivían y que reclamaban a la Justicia como propias desde hacía añares. Y también había dos expolicías que lo acompañaron ese a fatídica jornada, Luis Humberto Gómez y José Valdivieso.

Martel arranca la película de un modo extraño para su cine. Son imágenes satelitales que muestran la Tierra desde el espacio, para luego utilizar cámaras en drones y mostrar el ámbito rural en el que convive la comunidad Chuschagasta, y termina en un partido de fútbol femenino.

Se podría decir que va desde los general a lo particular, o desde lo celestial a lo más terrenal.

No será la única dicotomía que plantea la realizadora de La Ciénaga, ya que irá yendo y viniendo de los registros del juicio a los testimonios de familiares y conocidos del activista Chocobar, e inclusive un registro fílmico que sirvió de prueba: la confrontación entre Amin y los suyos y Chocobar y su gente que terminó con el cacique muerto.

La escena del asesinato está grabada en video.

Pero Nuestra Tierra, con T, es un documental que trata tanto sobre el juicio como sobre la desidia hacia las comunidades indígenas.

Y si el pez por la boca muere, la defensa que argumentaron los expolicías exime de comentarios. Afirman que “el Estado argentino los entrenó” para responder con disparos, cuando Chocobar y los suyos se defendieron, como ellos mismos lo dicen, con palos y piedras.

En un momento, la viuda de Chocobar casi que suplica “¿Está Dios viendo todo esto?”.

El filme sirve de testimonio, y Martel tensa la cuerda hasta el final del juicio, cuando se sabrá si los acusados son o no condenados (por más que haya sido un tema público, no vamos a spoilear el dictamen de la Justicia) y qué sucedió después.

La sensibilidad de la directora salteña se adivina y se ve en momentos que pueden parecer pequeños, pero que realzan lo que desea narrar con la maestría que nos tiene acostumbrados.

Documental. Argentina/México, 2025. 1254’, ATP L. De: Lucrecia Martel. Salas: Cinemark Palermo, Caballito, Abasto y Unicenter, Cinépolis Houssay y Avellaneda, Showcase Belgrano, Norcenter y Haedo.

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