Trío Garupá y la obra de Ramón Ayala: el chamamé y por qué entre la música y la vida cotidiana no hay separación


“El chamamé es una forma de vida. Tiene algo que no tienen todas las músicas. Es una música con raíz, pero también con una historia que empuja hacia adelante. Hay una simbiosis muy fuerte con la cultura, con la tierra, con el paisaje y con la forma de vivir de las personas. Entre la música y la vida cotidiana no hay separación”. La definición es del músico Homero Chiavarino (acordeón, guitarra y voz) y funciona como punto de partida para comprender el universo estético y conceptual del Trío Garupá.
Integrado por Homero, Joel Tortul (piano) y Julián Venegas (voz, guitarra, percusión), los tres talentosos músicos se juntaron para celebrar la música de Ramón Ayala. En el mes de un nuevo aniversario del nacimiento del músico, el trío pondrá en marcha una gira que comenzará en marzo en Buenos Aires y continuará por La Plata, Rosario y Córdoba, con nuevas fechas en agenda para seguir presentando El viejo río que va, su más reciente álbum.
En dialogo con Clarín, vía zoom desde Rosario, los integrantes del trio conversaron sobre el legado y proyecto artístico del inigualable músico misionero.
El grupo nació en Rosario hace apenas tres años, pero en ese breve período logró construir un recorrido intenso, singular y de fuerte proyección. Unidos por una mirada común sobre la música del litoral y por una profunda admiración por la obra de Ramón Ayala, decidieron dedicarle no sólo dos discos completos, sino también un trabajo sostenido de interpretación, estudio y resignificación.
El recorrido del trío es vertiginoso: grabaron Canciones del Mensú (2022) y El viejo río que va (2025), ambos íntegramente dedicados a la obra de Ayala; participaron en festivales en distintas partes del país; realizaron conciertos con la Orquesta de Cámara Municipal de Rosario; presentaron su segundo álbum a sala llena en el Teatro del Círculo -el principal teatro de la ciudad- y realizaron tres giras por Europa, con presentaciones en auditorios y salas de Austria, Francia y Portugal. En enero pasado, su paso por el Festival Nacional de Folclore de Cosquín confirmó la potencia del proyecto frente a un público masivo y diverso.
Para Garupá, volver sobre la obra de Ayala no implica un gesto de rescate patrimonial ni una mirada nostálgica. “No sentimos que estemos rescatando nada -afirma Julián-. Todo lo contrario: sentimos que somos rescatados por la obra de Ramón. Nos interesa que estas canciones sigan vivas, porque son cantadas por nuevas generaciones, no porque se imponen desde una radio o desde una lógica de mercado. Ahí está la verdadera supervivencia”.
El Trío Garupá dice que la música de Ramón Ayala es como un río, que siempre va hacia adelante y nunca para atrás.El por qué del nombre
Ramón Ayala (1927-2023) nació en Garupá, una localidad de Misiones que significa “tierra de canoas”. El músico amplió las fronteras del chamamé como pocos artistas lo hicieron. Sin abandonar jamás su raíz popular, incorporó una dimensión literaria, filosófica y universal que lo convirtió en una figura central de la cultura del Nordeste argentino. Poeta, compositor, cantor y pintor, su obra está atravesada por el paisaje litoraleño: el río, la selva, el monte, los trabajadores, la memoria colectiva y una profunda humanidad.
“El río es una imagen clave -explican-. No sólo como paisaje, sino como idea. El río va siempre hacia adelante, nunca hacia atrás. Por eso decidimos llamar al segundo disco El viejo río que va. Así entendemos también la obra de Ramón: una tradición viva, que avanza”.
Esa idea atraviesa el modo en que el trío se vincula con el repertorio: no como un objeto de museo, sino como una materia viva, abierta al presente. “Preferimos la celebración antes que el homenaje: la celebración mira para delante, el homenaje generalmente para atrás. A los tres nos impactó también esa energía de Ramón, sus fuerzas, sus ganas de vivir, y no las descuidamos.”, concluye Julián.
Desde lo musical, Ayala combinó una notable simpleza melódica -que vuelve a sus canciones profundamente populares- con una complejidad armónica poco frecuente en la música folclórica. “En muchas músicas populares se trabaja con tres o cuatro acordes-explica Joel-. Ramón, en cambio, tiene temas con ocho o diez acordes, y eso aparece de manera muy natural. Te invita a romper estructuras, a buscar otros caminos”.
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Guarupá toca “El Mensú”
A esa búsqueda se suma la creación del gualambao, un ritmo propio que Ayala definía como “el latido de la selva”. Para Garupá, ese gesto sintetiza su dimensión más innovadora: la capacidad de traducir rítmicamente una percepción profunda del entorno natural y cultural. “Es un ritmo que todavía no terminó de difundirse del todo -señala Homero-. Ahí hay un territorio enorme por explorar. Lo interesante es que no es una invención caprichosa, sino una escucha muy profunda del entorno”.
La expansión que hizo Ayala del ritmo y de la armonía no puede desligarse de la fuerte raíz guaranítica en la cultura chamamecera, y una mezcla histórica, de más de cinco siglos, con la cultura española.
El trío Garupá y un concierto consagratorio en el Teatro El Círculo, de Rosario.La música del litoral
Los músicos aseguran que resulta clave en la obra de Ramón Ayala la influencia de la música popular del Paraguay: fueron los músicos paraguayos quienes primero llevaron la música del litoral a Buenos Aires, incluso antes que los propios litoraleños argentinos.
“Es importante remarcar la importancia de la música popular del Paraguay en la obra de Ramón -dice Homero-. Él viene de la mano de los paraguayos a Buenos Aires, con el Trio Sánchez/ Monge/ Ayala. En la canción paraguaya estaban mucho más evolucionadas esas cuestiones armónicas y rítmicas que después Ramón expandió”.
Los integrantes del trío coinciden en que Ayala fue un artista integral. “En él confluyen muchas cosas que nosotros veníamos trabajando desde hace más de veinte años de manera individual: la música del litoral, la tradición, la canción popular -sigue Homero-. También nos interesó mucho su faceta como artista plástico. Ramón es un compositor completo, alguien que piensa el arte como un todo”.
Ramón Ayala llevó el chamamé a lo más alto de la música folclórica. Foto: Archivo ClarínOtro de los motores del proyecto fue la percepción de que, más allá de algunos clásicos ampliamente difundidos, existe un vasto repertorio aún poco transitado. “Es un compositor de una talla enorme -afirma Joel-, comparable a los grandes nombres del folclore argentino como Atahualpa Yupanqui o Cuchi Leguizamón, entre tantos otros. Sin embargo, muchas veces se lo reduce a tres o cuatro canciones. Todavía no se lo valora como sí a esos otros grandes artistas. Vimos ese vacío, hay una obra inmensa que merece seguir circulando”.
Ramón Ayala, en vivo
El vínculo personal con Ayala dejó huellas profundas en quienes llegaron a conocerlo. Joel recuerda haberlo visto por primera vez en Cosquín cuando tenía apenas 18 años. “Rompía todos los moldes, no podía agarrarlo por ningún lado. Tocaba una guitarra de once cuerdas, algo que yo nunca había visto. Tenía un carisma muy fuerte, arriba y abajo del escenario era lo mismo. No podías olvidarlo. Me llamó mucho la atención su manera de hablar, la pasión por su mensaje. Fue muy inspirador, me abrió un mundo mágico, de misterio. Ahora que te lo estoy contando, más cuenta me doy de lo que fue ese encuentro”.
Homero lo define como un trabajador incansable: “Se levantaba todos los días a escribir, a cantar, a componer. Fue a profesor de canto hasta los 85 años. Ramón nunca dejó de ser él”. También se refirió a su fuerte carisma: “Era un tipo que tenía una energía muy importante, que se sienten con pocas personas. Era muy único. Ramón entraba a un espacio y había algo que se cortaba, se sentía en el aire la energía”.
Julián, aunque no tuvo trato personal, conserva el recuerdo de haberlo escuchado en vivo en Rosario, donde el escenario estaba muy cerca de la gente: “Lo conocí cuando tenía 70 años, o más. Lo recuerdo vestido de paisano, con su sombrero, hablando mucho entre tema y tema, muy atento a lo que pasaba alrededor. Y todo lo que iba diciendo muchas veces también se enlazaba con complicidades con el público. Tenía una frescura y una picardía que mantuvo hasta el final. Eso también forma parte de su legado”.
La presentación en Cosquín tuvo para Garupá un significado especial. “Es un escenario federal, con un alcance enorme -señala Homero-. No solo por lo que pasa en la plaza, sino por la cantidad de gente que lo ve por televisión en todo el país y también en otros lugares”. La presencia del chamamé en ese festival sigue siendo motivo de debate histórico, atravesado por discusiones sobre identidad, fronteras y pertenencia cultural.
El Trío Garupá, en otro escenario histórico, el del Festival de Cosquín.“La presencia de la música del litoral en Cosquín siempre es polémica. Hay una vieja discusión dentro del folclore: que por un lado estaba el folclore y, por otro lado, el chamamé. El chamamé no forma parte de un folclore argentino por alguna razón. Hubo épocas en las que se decía que el chamamé no era música argentina porque era música paraguaya -explica Homero-. Como si la música del norte no dialogara con Bolivia o la de Cuyo con Chile. Tenemos raíces en todos lados. Cosquín es un festival de nueve noches con un montón de artistas y había dos propuestas de música del litoral. Por eso fue importante estar en Cosquín”.
Para el trío, ocupar ese espacio es una forma de reafirmar que el chamamé excede largamente los límites de una provincia. “Cuando se habla de la nación chamamecera se habla de Paraguay, del sur de Brasil, de Uruguay y de una gran extensión dentro de la Argentina. Hay mucho chamamé todavía por descubrir”, asegura el acordeonista.
Desde el piano -un instrumento poco asociado al género-, Joel aporta una mirada que cruza folclore, tango y música ciudadana. “Toco folclore desde chiquito y tango desde siempre. El chamamé fue el último género en el que me metí, y eso me abrió muchas posibilidades. En la obra de Ramón también hay algo citadino, una ida y vuelta permanente con Buenos Aires, con el puerto, con la ciudad. Andaba por el Dock sud, y musicalmente eso te da muchos más elementos. En Pan del agua, por ejemplo, el arreglo lo llevamos netamente al tango”.
Garupá entiende al chamamé como una música sin techo, en permanente transformación. Subrayan que músicos como Ramón, como Nini Flores o Raúl Barbosa construyeron desde la raíz hacia arriba. “La cultura es dinámica -concluyen-. Y la obra de Ramón Ayala demuestra que se puede crecer desde la raíz, innovar, dialogar con el mundo y proyectarse hacia adelante sin perder identidad. Eso es lo que intentamos hacer: celebrar una música viva”.
Para el Trío Garupá, el chamamé excede largamente el territorio de una provincia y es parte del folclore argentino.Ficha
Trio Garupá celebra a Ramón Ayala
Músicos: Homero Chiavarino (acordeón, guitarra y voz), Joel Tortul (piano) y Julián Venegas (voz, guitarra, percusión). Gira 2026: CABA, 12 de marzo, La Carbonera; La Plata, 13 de marzo, La Casa. Refugio Abierto; Rosario, 20 de marzo, Teatro Lavarden; Córdoba: 21 de marzo, Centro Cultural Graciela Carena



