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El fenómeno Morat: los cuatro amigos colombianos que se conocen desde niños, tienen a Juanes como brújula y a los que Paulina Rubio les dio su primer gran hit

Pese a que décadas atrás el grupoAterciopelados caló hondo con su música a una generación entera en la Argentina, recién ahora sucede algo más inédito aún con Morat, un cuarteto colombiano de pop, rock y folk que enamora a masas juveniles, consiguiendo llenar enormes estadios o bien forma parte de grillas de grandes festivales populares de rock o folclore en el interior del país.

Morat está conformado por cuatro jóvenes bogotanos: Juan Pablo Villamil, Juan Pablo Isaza y los hermanos Martín y Simón Vargas, quienes con celeridad consiguieron conquistar al público local en apenas un puñado de años.

Su primera visita al país los trajo a La Trastienda de San Telmo. La segunda ya fue para tocar en el mítico Luna Park. Y su próximo paso será aterrizar en el Movistar Arena de Villa Crespo, con cuatro fechas confirmadas hasta el momento: 24, 25, 26 y 29 de septiembre.

Esta agrupación, que ya es un fenómeno, cuenta con una particularidad: son amigos desde los 5 años; o sea, atravesaron niñez, adolescencia y toda su juventud de manera irrompible, con la música en común como proyecto de vida.

Su primera canción nació en un aula en una clase de música, en el colegio, luego levantaron sus equipos al hombro y no detuvieron su andar por bares de Colombia, México e incluso España: ya por ese entonces tenían bien en claro que querían hacerse oír, porque confiaban ciento por ciento en su propuesta, que incluye grandes composiciones.

El tiempo transcurrió, redoblaron su esfuerzo y al final lo consiguieron: de bares pequeños, de pronto saltaron a llenar estadios en cualquier rincón de Latinoamérica, España e incluso los Estados Unidos donde, en 2024, consiguieron algo impensado para ellos cuando aún eran unos pequeños gurrumines: se alzaron con un Grammy Latino, razón por la cual sorpresivamente llegó el estrellato en su máximo esplendor, además del reconocimiento de compatriotas suyos como Paulina Rubio, Juanes y Shakira y hasta del trapero argentino Duki, con quien llegaron a compartir un single.

Una tarde en Palermo

Los integrantes de Morat cuentan que sus familias fueron muy importantes para la banda, y que hasta les dejaron cometer errores, para que aprendieran. Foto: Martín Bonetto

Es una tarde entre semana en el barrio de Palermo, con el típico calor porteño en pleno mes de febrero. Llamativamente, la calle Doctor Emilio Ravignani, entre Cabrera y Soler está cortada y unos agentes de tránsito impiden el ingreso a vehículos. ¿Cuál es la razón? Más de un centenar de jovencitas coparon la vereda, mientras que otras, sentadas sobre el pavimento frente a una productora, están a la espera de que sus ídolos aparezcan a saludarlas o bien para conseguir alguna selfie como recuerdo.

Mientras tanto, adentro, los cuatro músicos se encuentran sentados en un sofá blanco en el centro de un estudio, dispuestos a conversar con Clarín, frente a un pequeño círculo del staff que cuida hasta el mínimo detalle del encuentro.

Por estos días, en una breve pero contundente gira, la banda colombiana ofreció su primer recital en el Cosquín Rock, aunque lo más llamativo fue su paso por un festival folclórico de peñas en Villa María, Córdoba, donde lo pueblerino se entremezcla con lo popular en una ciudad pequeña, acorde al interior profundo del país.

“Es interesante, porque sentimos que cuando más visitamos un país, es como que se nos afina el oído para captar sutilezas, costumbres, tonadas diferentes de cada región, además captar lo pintoresco. Incluso hasta hemos bebido fernet, que tiene una planta que conocíamos y se llama ruibarbo, y nos ha gustado muchísimo. O sea, pasar por un festival típico de folclore, además de uno de rock en el corazón de otro país que es el nuestro, te deja mucho que aprender”, analiza Izaga apenas comienza la charla.

En este proceso que los llevó a conquistar a gran parte del público argentino, es inevitable para ellos repasar las sensaciones vividas, con un método de crecimiento escalonado, al igual que cualquier banda de rock local.

En ese sentido, Martín Vargas explica lo extraño que fue para ellos mismos: “Lo vivimos de manera inesperada, aunque ha sido algo que creo que muy afortunadamente nos ha sucedido en distintos países y siento que también nos ha permitido que se genere una relación muy cercana con el público. Creo que cuando un artista llega a un país y al principio uno puede ver en un bar, luego en un teatro y después en un sitio más grande, es ahí cuando se genera una cercanía que sí, para el caso, se traduce en la particular relación con la Argentina. Sentimos que fuimos muy afortunados de que esa fuera la manera en la que se marcó el camino”.

Más allá del “fenómeno” Morat a nivel local, lo suyo también fue in crescendo de manera similar en otros territorios por fuera de su país natal, a tal punto que hace poco más de un año se alzaron con un Grammy Latino, razón que generó un eco a nivel global sobre lo suyo.

A poco de comenzar, los Morat ganaron un Grammy Latino. Competían con Bandalos Chinos. Foto: Martín Bonetto

“Fue muy lindo; o sea, creo que eh diría que hay un ambiente muy bonito en el Grammy, en general, o sea, en nuestro caso justo estábamos sentados con Bandalos Chinos, que también estaban nominados en la misma categoría. Y dentro de ese ambiente de mucha camaradería, éramos plenamente conscientes que no podíamos ser los ganadores, estábamos seguro que serían ellos, antes hasta habíamos planeado de ante mano felicitarlos; pero de pronto llegó la sorpresa y ellos fueron los que nos dieron el gran abrazo”.

A pesar de los logros conseguidos luego de una ardua década y pico de trabajo, mirar hacia atrás es revelador para ellos mismos, incluso rememorar la etapa preliminar, en la que sus padres ocuparon un espacio crucial con su empuje para que pelearan por sus sueños.

“Antes de que empezar la banda, tuvimos un montón de etapas, estuvimos cercanos unos con otros en diferentes momentos. Además, fuimos muy afortunados por el acompañamiento de nuestros padres, eso fue fundamental. Ellos nos daban el suficiente aliento y estuvieron un poco encima nuestro. Creo que eso es muy común en casos de bandas con integrantes muy jovencitos. Nosotros teníamos 17 años cuando arrancamos con el grupo. Más allá de su buena intención, ellos también nos dejaban cometer nuestros propios errores, que fue muy sano. De alguna manera el resumen del paso del tiempo está plasmado en nuestro último disco, Ya es mañana”, amplifica Villamil.

Autogestión que dio sus frutos

Por ese entonces, estos músicos eran “plomos” (stages) de su propio proyecto.

“Con sinceridad, no ‘craneamos’ todo aquello, sino que nos nació de adentro, era lo que sentíamos hacer en aquel momento. Claro que había que levantar equipos, ocuparnos de todo, pero te aseguro que no hubo una estrategia. Sentíamos que teníamos que salir de casa. Por ejemplo, venir a la Argentina, y meternos en un bar a tocar. Sí pensábamos que esos eran los verdaderos pasos a seguir para que nos conocieran”, rememora Simón.

De pronto Isaza mira a sus compañeros y complementa la idea: “Teníamos ese sueño de jóvenes, eso de ser como tal banda, algún día llenar un estadio, aunque tan sólo se trataba de una ilusión. Por ejemplo, nuestra primera compra, cuando logramos un poquito de dinero en los shows en Bogotá, fue invertir en una caja para meter nuestros equipos. Toda lo recaudado era para al proyecto. Y ahora que hacemos esta retrospectiva, te aseguro que nos emociona pensarlo, conversarlo. Incluso, un dato: la gente que se sumó a trabajar con nosotros en el inicio, hoy en día sigue siendo parte de nuestro equipo”.

En este viaje musical, Morat incluso se albergó durante un tiempo tanto en Ciudad de México como en España. Plantaron su bandera en ambos países para poder difundir lo suyo, cueste lo que cueste. Y no les fue para nada mal; por el contrario, el espaldarazo de haber grabado su primer éxito junto a Paulina Rubio no fue un momento más en este trayecto, sino la punta del ovillo de lo que llegó después.

“Ella fue demasiado importante. Cuando recordamos eso, pensamos en el riesgo que Paulina tomó en grabar una canción con nosotros. Inclusive hasta pensamos si nosotros tomaríamos semejante riesgo ahora que somos más conocidos, el riesgo de grabar con una banda que nadie conoce. ¡Porque realmente éramos nadie! Y ella se enamoró de nuestra canción, nos aportó el primer paso para lo que luego sería una estrategia, siempre le estaremos agradecidos”, argumenta Isaza.

Morat posa con su galardón en la 38 edición de 'Premio Lo Nuestro' la noche del jueves 19 de febrero en el Kaseya Center de Miami, Florida. Foto: EFE/Alicia Civita

-¿Y qué significó para ustedes Juanes, a quién llegaron a homenajear en vivo?

Martín Vargas: ¡Uy! ¡Cómo olvidarnos de Juanes! Fue otra persona esencial en nuestra carrera. Imagínate que haber tocado para él y encima grabar una canción juntos fue impresionante para nosotros. Y eso nos sucedió en nuestra primera etapa. Ya lo teníamos en el pedestal desde muy pequeños. Piensa que Juanes es una de las grandes figuras colombianas, todos los amamos. Para que se comprenda mejor: si tenemos alguna duda en nuestra relación con la industria, es solamente levantar el teléfono y recibir el consejo suyo. Tenemos tanta confianza con él que su opinión para nosotros es como una brújula.

No ir a lo obvio

A diferencia de tantos músicos de su generación, esta agrupación cafetera no apostó al género que estuviera de moda, como por ejemplo el reggaetón. Por el contrario, apostaron el pop, al entrecruce con los sonidos latinos y la canción como fundamento primordial. ¿Acaso lo que mamaron en sus casas tuvo mucho que ver con el horizonte concebido?

Enseguida Isaza se encarga de explicarlo: “Desde el día cero teníamos en claro que no queríamos encasillarnos. Y los cuatro teníamos muy en claro que no íbamos a acceder ni a negociar nuestra música, porque la defendíamos en vivo, con un banjo, una guitarra acústica o eléctrica sobre el escenario. Con el paso de los años fuimos explorando sonidos, desde una balada, un bolero como un tango, o bien influencias más rockeras o algo de rap. Para nosotros, la honestidad y ser genuinos, por sobre todo”.

Después el músico mira a sus compañeros y prosigue, apasionado con el tema: “Nuestros padres fueron foco, claro que sí, lo que se escuchaba en casa. Los Beatles siempre se escucharon en mi casa. De hecho, por conocernos de tan pequeños, fue normal que se comparta la música. Mi padre, por ejemplo, escuchaba mucho a Joaquín Sabina y por supuesto que eso nos influyó. O bien el caso de Simón, que era súper metalero. Nos mostrábamos lo que escuchábamos y nos complementábamos”.

En tanto, estos jóvenes famosos tampoco se privaron de ver shows cuando les tocó viajar por razones laborales o bien cuando se afincaron durante un tiempo en otros países por fuera de Colombia.

Morat se define como amante del rock argentino. Y todavía están descubriendo nuevas bandas. Foto: Martín Bonetto

“Nunca dejamos de ir a recitales. Porque lo hicimos siempre, desde muy chicos. En Estados Unidos fuimos a un show de Eric Clapton, también no nos perdimos a Green Day en Ciudad de México. Y aquí, en la Argentina, la anterior vez que estuvimos fuimos al recital de Joaquín Sabina en el Movistar Arena”, enumera Villamil.

-¿Escucharon rock argentino? ¿Existen faros locales de los que se hayan nutrido?

Villamil: ¡Andrés Calamaro! La primera canción que grabamos, cuando nadie nos conocía aún, fue Estadio Azteca. ¡Ese disco suyo la gastamos de tanto escucharlo! Después, Sui Generis, Charly García solista, Fito Páez y Soda Stereo.

Martín Vargas: En mi caso, estoy descubriendo dos bandas que me tienen por poco poseído últimamente: Viejas Locas e Intoxicados. ¡Qué buenas que están! Es que el rock argentino tiene muchísimas propuestas buenas. Además, siempre fue una gran influencia para los músicos colombianos y también para nosotros. De eso no tengas duda.

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